La apuesta por miles de millones de los hyperscalers y su factura de la nube
Bernhard Liebl
6 min. de lectura Los grandes proveedores de nube destinarán en 2026, a tipo de cambio, unos 580 000 ...
La ministra federal de Medio Ambiente, Svenja Schulze, quiere hacer más ecológica la digitalización. En su punto de mira no solo están los fabricantes de TI y los servicios de *streaming*, sino que también desea incentivos para un mejor uso energético de los centros de datos.
Según cita la política del SPD Svenja Schulze en la revista CIO de IDG, el creciente consumo global de datos podría convertirse, sin regulación, en un «acelerador del cambio climático». Para 2025, las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas podrían equipararse a las del tráfico automovilístico mundial. Sin embargo, la digitalización también puede contribuir a impulsar la protección del clima y el medio ambiente. Grandes empresas como el gigante farmacéutico suizo Novartis y Deutsche Bank ya apostaron hace una década por la TI verde y la tecnología de edificios eficientes, ahorrando mucho dinero en el proceso.
Schulze reclama, por ejemplo, alargar la vida útil de los *smartphones* mediante actualizaciones de software y la obligatoriedad de poder sustituir baterías y pantallas. Además, los *marketplaces* en línea como los de Amazon deberían ofrecer mayor transparencia a los clientes sobre la sostenibilidad de los productos e incluir la ecoeficiencia en sus algoritmos. Greenpeace USA publica desde 2006 su *Guide to Greener Electronics*, y la última edición, de 2017, muestra que algunas empresas antes consideradas «ovejas negras», como Apple, han aprendido la lección, mientras que otras no. No obstante, en general aún queda mucho margen de mejora si se considera toda la cadena de valor de los dispositivos, incluyendo su eliminación y reciclaje. Este último, en ocasiones, se realiza en condiciones deplorables por niños en Asia Oriental o África, imágenes que conmocionaron a la opinión pública mundial hace años.
Pero Schulze también quiere abordar las emisiones de gases de efecto invernadero dialogando con los servicios de *streaming*. Estos, durante la pandemia, ya demostraron cierta disciplina en la red al reducir discretamente la calidad 4K para los usuarios. Como señala la ministra, los vídeos en *smartphones* no tienen por qué reproducirse automáticamente ni en la máxima resolución. Además, planea establecer normativas e incentivos para reducir el consumo eléctrico en los centros de datos y aprovechar el calor residual. Ya existen diversos enfoques exitosos para generar electricidad a partir de energía eólica y otras renovables. Mientras tanto, muchas empresas están trasladando sus centros de datos a Escandinavia y otras regiones frías, donde el enfriamiento resulta más sencillo.
Aunque el *hype* en torno al *bitcoin* y otras criptomonedas ha perdido fuelle, la tecnología *blockchain* subyacente sigue consumiendo ingentes cantidades de recursos de centros de datos y electricidad. En noviembre de 2018, en su momento álgido, el consumo anual de electricidad del *bitcoin* alcanzó, según scinexx, los 45,8 millones de teravatios-hora, equivalente a la producción de cinco centrales eléctricas a pleno rendimiento.
La organización sin ánimo de lucro francesa *The Shift Project* estima que alrededor del 3,7 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero – más del doble que la aviación civil mundial – son atribuibles a la industria TIC, según un informe del *Tagesspiegel* de noviembre de 2019. En Alemania, solo los ordenadores y dispositivos eléctricos como teléfonos móviles y televisores, junto con infraestructuras menos visibles para el consumidor medio – redes de comunicación y centros de datos – , consumieron 47.000 millones de kilovatios-hora. La infraestructura por sí sola requirió 13.200 millones de kilovatios-hora, una cantidad similar al consumo total de Berlín.
La sociedad matriz de Axians, el grupo francés de construcción VINCI S.A., mayor operador de infraestructuras de transporte bajo concesión en Europa y principal gestor privado de aeropuertos a nivel mundial, se ha marcado el objetivo, según su propia nota de prensa en inglés y el Handelsblatt, de reducir su huella de CO2 en un 40 % para 2030. Para ello, VINCI no solo apuesta por un transporte aéreo con bajas emisiones, sino también por tecnologías y actividades más respetuosas con el medio ambiente, como las empleadas en la construcción. Las concesiones de autopistas y aeropuertos aportan la mayor parte al resultado operativo, con cuatro mil millones de euros, seguidas de la energía, con 827 millones de euros, y la construcción, con 400 millones de euros.
Fuente de la imagen: iStock / 4X-image
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