La soberanía supera al precio: la nueva señal de adjudicación
Angelika Beierlein
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La ronda presupuestaria para 2027 está en marcha. El presupuesto de TI se negocia de nuevo como una partida de costes en lugar de como una decisión de inversión. No se trata de un problema de comunicación. Es la consecuencia de una lógica presupuestaria que coloca los puestos de prestigio y las inversiones generadoras de ingresos en la misma línea. Quien quiera llevar su presupuesto de TI a través de la ronda de recortes, debe vincular cada partida a riesgo, rendimiento u opcionalidad. Todo lo demás es política simbólica. Y la política simbólica cae primero.
Lo más importante en resumen
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Una parte considerable de las organizaciones de TI no informa al CEO, sino al CFO. Diversas encuestas sitúan la proporción en torno al 40 %. Esta línea de reporte decide más que cualquier documento estratégico, ya que determina en qué cuenta termina el presupuesto de TI. Quien informa al área financiera tiende a ser registrado como gasto. El gasto se recorta de forma lineal en años difíciles.
La consecuencia es una ronda presupuestaria en la que la TI defiende objetivos de ahorro porcentual, en lugar de hablar de rentabilidad de la inversión. Una partida que solo se presenta como bloque de costes no tiene línea de defensa. Se pondera frente a otros bloques de costes. En esta lógica, rara vez gana la tecnología.
El error rara vez reside en la magnitud del presupuesto. Reside en que partidas de inversión y simbólicas aparecen en la misma tabla. Un contrato de centro de datos que garantiza la operación compite entonces con un laboratorio de IA que, desde hace dos años, no ha entregado ningún caso de uso productivo. Quien justifica ambas partidas por igual invita al área financiera a tratarlas de la misma manera.
Fuente: encuestas de CIO intersectoriales, 2025/26
Esta línea de reporte no se puede cambiar a corto plazo. Pero la argumentación sí. Una partida presupuestaria formulada en el lenguaje del área financiera también será comprendida allí.
Una partida del presupuesto de TI supera la ronda si está formulada en al menos una de las tres lenguas. Corresponden a las tres preguntas que el área financiera plantea de todos modos.
El lenguaje del riesgo. Qué le cuesta a la empresa si se elimina esta partida. Una brecha de cumplimiento NIS2, un stack de identidad no asegurado, un contrato de soporte que expira para un sistema crítico: no son temas de TI, son riesgos de responsabilidad y de fallo con una cifra en euros. Quien menciona esa cifra desplaza la partida de la columna de recortes a la valoración de riesgos.
El lenguaje del rendimiento. Qué contribución medible se opone a este gasto. No el vago ahorro de eficiencia, sino una cifra con referencia: días‑persona ahorrados, tiempo de proceso reducido, costes de licencia evitados mediante consolidación. Una partida con rentabilidad demostrable aporta una comparación de costes de capital y se lee en el comité de inversiones en consecuencia.
El lenguaje de la opcionalidad. Qué decisión futura mantiene abierta esta partida. Una capacidad de Cloud-Exit documentada cuesta en operación, pero asegura poder de negociación frente al proveedor y capacidad de actuación ante un desplazamiento de la cadena de suministro o de la jurisdicción. La opcionalidad es la partida más difícil, pero la más convincente para la alta dirección, porque cuantifica la agilidad estratégica.
Cualquier partida que no pueda asignarse a ninguna de estas tres lenguas es candidata a la eliminación. Es incómodo, pero es una clasificación más honesta que intentar defender el presupuesto total de forma general.
La política simbólica en el presupuesto de TI no es malintencionada. Surge porque la visibilidad es recompensada. Un Innovation‑Lab genera fechas de prensa, una gestión de identidad bien gestionada no. Precisamente esta asimetría hace que las partidas simbólicas en la ronda de recortes sean tan vulnerables: han generado atención, pero no han construido una línea de defensa.
La línea divisoria no es el grado de innovación. Un proyecto de KI puede estar en ambos lados. Lo decisivo es si, al final del proyecto, tiene un propietario con presupuesto y una métrica. Donde la presión de reasignación de licencias heredadas ya genera movimiento, vale la pena terminar activamente los puestos simbólicos antes de que el área financiera los encuentre.
La preparación para la ronda presupuestaria 2027 comienza con un trabajo de clasificación. Debe estar terminada antes de la primera conversación con el área financiera.
El paso decisivo es el segundo. Quien elimina los puestos simbólicos por sí mismo gana credibilidad para el resto de las posiciones. Una solicitud en la que TI ya ha hecho limpieza se interpreta de forma distinta a una que defiende cada línea de manera genérica.
La clasificación por riesgo, rendimiento y opcionalidad tiene una debilidad. Sólo mide lo que se puede cuantificar. Algunas inversiones son estratégicamente correctas antes de que tengan un indicador.
Una implantación temprana de IA que genera competencias internas apenas puede justificarse con rentabilidad en el primer año. Sin embargo, puede ser la condición para que la empresa sea viable dos años después. Quien evalúa esos puestos solo con la lógica de tres idiomas puede eliminar la implantación que la competencia está finalizando.
La solución no consiste en tolerar la simbología, sino en nombrarla. Un puesto declarado conscientemente como apuesta estratégica, con límite de duración y criterio de interrupción, deja de ser simbólico. Es una opción con una fecha de vencimiento definida. La diferencia con la verdadera política simbólica es la honestidad sobre la ausencia de un indicador.
El presupuesto de TI 2027 no se gana en la ronda presupuestaria, sino en el trabajo de clasificación previo. Quien entra a la conversación con una tabla en la que cada línea está asignada a uno de los tres idiomas negocia en igualdad de condiciones con el área financiera. Quien defiende el presupuesto total como un bloque negocia desde la posición defensiva.
La incómoda consecuencia: una parte de los puestos actuales no supera la clasificación. No es una pérdida, es un requisito. Un presupuesto sin política simbólica tiene menos líneas, pero es más sólido en su defensa. No solo supera la ronda 2027, sino también la posterior.
La política simbólica se refiere a partidas presupuestarias que sobre todo generan visibilidad, pero no aportan de forma verificable a la mitigación de riesgos, al rendimiento o a la opcionalidad estratégica. Ejemplos típicos son un laboratorio de innovación sin caso de uso productivo, un piloto de IA sin responsable operativo al finalizar el proyecto o una colección de herramientas con funciones superpuestas. Estas partidas son las primeras en caer en una ronda de recortes, porque no tienen una línea de defensa.
Determina en qué cuenta se gestiona el presupuesto de TI. Quien informa al área financiera tiende a contabilizarse como gasto. El gasto se recorta de forma lineal en años difíciles. Una línea de reporte a la alta dirección, en cambio, favorece un trato como inversión. La línea rara vez puede modificarse a corto plazo, pero el lenguaje argumentativo sí.
Al contrastarle con una métrica cuantificable: días‑persona ahorrados, tiempo de proceso reducido, licencias evitadas o riesgo de fallo cuantificado. Lo decisivo es la comparación con el coste de capital de la empresa. Una partida con rentabilidad, periodo de amortización y comparación de coste de capital se trata en el comité de inversiones de forma distinta a una línea de gasto.
No necesariamente. Un desarrollo temprano de competencias puede ser estratégicamente correcto antes de que genere rentabilidad. Lo esencial es declararlo honestamente como una apuesta estratégica con límite temporal y criterio de cancelación. Así se diferencia de la verdadera política simbólica: el indicador ausente se menciona, no se oculta.
Asignar cada línea presupuestaria a uno de tres lenguajes: riesgo, rendimiento u opcionalidad. Las partidas que no encajan en ninguna columna se marcan y se proponen para su eliminación en la propia solicitud. Este trabajo de clasificación debe completarse antes de la primera conversación con el área financiera, ya que constituye la verdadera preparación de la negociación.
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Fuente de la imagen: IA generada (may 2026)