Servicios de Ciberseguridad Gestionados: El CISO no asume la responsabilidad exclusiva
Benedikt Langer
8 Min. de lectura En muchas empresas, el CISO es considerado la persona responsable de la seguridad. ...
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Durante años, el CIO vendió presupuestos de TI con una visión de transformación. Eso ya no funciona. Tras varias rondas de proyectos digitales costosos y rendimientos decepcionantes en IA, los directores y los CFOs hoy exigen algo diferente: viabilidad. No es la hoja de ruta más ambiciosa la que gana el presupuesto, sino aquella con la justificación más sólida. El 57% de los CIOs se encuentran bajo presión por productividad, mientras que el 52% está bajo presión por costos. La diapositiva ya no basta.
Lo más importante en resumen
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¿Qué es Value Realization? Value Realization, o realización de valor, se refiere a la demostración de que una inversión realmente ha generado el beneficio prometido. En el contexto de TI, esto significa que no es el proyecto en sí el que se considera un éxito, sino la mejora mensurable que genera en el negocio. Es precisamente esta demostración la que los consejos de administración exigen ahora de manera sistemática.
El cambio es fundamental. Durante años, el CIO presentaba una estrategia digital, y el consejo de administración daba su aprobación porque nadie quería perderse en el camino. Esa época ha terminado. Después de varias oleadas de inversiones elevadas, cuyos retornos quedaron lejos de las promesas, y tras proyectos piloto de IA que rara vez generaron un valor añadido productivo, los directores y los CFOs hoy plantean preguntas más exigentes. Ya no responden a propuestas, sino que examinan la organización de TI.
Con ello, la lógica de la discusión sobre los presupuestos cambia. Ya no se mide en ambiciones, sino en lógica de decisión y en resultados comprobados. Un CIO que argumenta con visiones del futuro pierde frente a uno que muestra qué indicador específico ha sido impulsado por cada gasto. La viabilidad es la nueva palabra de orden, y resulta más incómoda que cualquier visión.
La razón radica en la experiencia de los últimos años. Muchas empresas han invertido en migraciones a la nube e iniciativas de IA, cuyos beneficios no se materializaron como se prometió en el caso de negocio. El consejo directivo ha comprendido que una presentación convincente y un resultado medible son dos cosas distintas. Esta lección ha calado hondo y está transformando cada debate posterior.
Para el CIO, esto no representa una amenaza, sino una clarificación. Quienes ya están entregando resultados se benefician de que ahora lo que cuenta son los resultados, no la retórica. Lo complicado solo afecta a quienes hasta ahora aseguraban sus presupuestos basándose en la urgencia y el miedo al futuro. Su argumento ya se ha agotado. El reflejo de “no perder el tren” ya no funciona cuando el consejo pregunta qué ha aportado concretamente el último riesgo evitado de quedarse atrás.
Argumento agotado
Argumento sólido
El primer paso es contar con una línea presupuestaria específica para la gestión del cambio y la realización del valor. Quien financie únicamente el proyecto, pero no el trabajo que realmente potencie el beneficio, terminará recibiendo regularmente un proyecto costoso sin el rendimiento prometido. Presupuestar de forma visible la realización del valor es la señal clara para el consejo directivo de que el CIO ha comprendido la diferencia entre gasto y efecto.
El segundo paso tiene que ver con la soberanía en el abastecimiento. Las tensiones geopolíticas y las exigencias de soberanía están modificando la elección de proveedores. Quien gestiona activamente los riesgos geográficos -es decir, apuesta por un mix regional de proveedores y refuerza el soporte local- obtiene resultados mensurables superiores. Los análisis indican que la probabilidad de superar las expectativas aumenta en aproximadamente un 50 %. Aun así, hasta ahora solo un cuarto de los CIOs lo aplican. Aquí reside una palanca concreta y defendible que, además de reducir riesgos, eleva el desempeño.
Una visión recibe los aplausos en la reunión. Una métrica que ha demostrado un avance tangible consigue el presupuesto del próximo año.
El tercer paso es una actitud, no una metodología. El CIO debe liderar la conversación sobre el valor de la TI de manera proactiva junto al CEO y al CFO, en lugar de esperar a que ellos la planteen. Quien formula por sí mismo la pregunta sobre qué inversión ha generado qué beneficio comprobado controla la discusión. Quien espera a que el CFO la plantee responde de forma defensiva. La defensibilidad empieza por hacer la pregunta incómoda antes de que alguien más lo haga.
Porque varios años de elevadas inversiones en digitalización e IA a menudo no han cumplido la rentabilidad prometida. Los consejos de administración y los CFO examinan ahora la organización de TI con resultados demostrables en lugar de propuestas. El presupuesto se consigue mediante lógica de decisión, no mediante ambición.
La demostración de que un gasto ha movido un indicador concreto. Esto incluye una partida presupuestaria propia para la realización del valor, un sourcing gestionado activamente y la disposición a demostrar abiertamente el propio beneficio.
Una gestión activa del riesgo geopolítico en el sourcing reduce el riesgo y aumenta el rendimiento de forma medible. Los CIO que lo hacen superan las expectativas con mayor frecuencia. Por tanto, es una palanca que puede justificarse objetivamente ante el consejo de administración.
No necesariamente. Quien aporta resultados se beneficia de que ahora cuenten los resultados. Solo resulta difícil para los presupuestos que hasta ahora se aseguraban por urgencia en lugar de por impacto.
De forma activa y primero. Quien pregunta por sí mismo qué inversión ha aportado qué beneficio demostrado, dirige la discusión con el CEO y el CFO. Quien espera a que la pregunta venga de fuera, responde a la defensiva.
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Fuente de la imagen: Generada por IA (mayo de 2026)