Washington decide qué inteligencia artificial puede operar aquí
Eva Mickler
6 Min. de lectura En solo ocho días, Washington ha trasladado la disputa sobre los modelos de IA chinos ...
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El 56 por ciento de los CEO no ve ningún retorno medible de sus inversiones en IA. Al mismo tiempo, tres de cada cuatro trabajadores del conocimiento ya utilizan IA generativa en su trabajo diario. La brecha entre inversión e impacto tiene un nombre: falta de gobernanza en el C-Level. Quien delega la IA en el departamento de TI pierde el control sobre la herramienta más poderosa desde Internet.
Las cifras de la PwC Global CEO Survey 2026 son aleccionadoras: solo el 30 por ciento de los presidentes ejecutivos informa de un aumento de los ingresos gracias a la IA. El 26 por ciento registra costes más bajos. ¿Y el 56 por ciento? No ve ni mayores ingresos ni menores gastos. Más de la mitad de todas las inversiones en IA no produce ningún retorno visible.
La causa rara vez está en la tecnología en sí. Como ya ha analizado Digital Chiefs: «AI-first» como estrategia se queda corta. El verdadero problema está un nivel más arriba. Cuando las decisiones sobre IA acaban en manos del CTO y el consejo de administración solo lee informes trimestrales, falta dirección estratégica. Los presupuestos fluyen hacia casos de uso técnicamente interesantes, pero irrelevantes para el negocio.
Según PwC, un tercio de todos los CEO identifica la velocidad de transformación como su mayor preocupación. En el sector financiero, la cifra llega incluso al 53 por ciento. La ironía: precisamente los directivos que más temen el ritmo dejan el control en manos de otros.
Spencer Stuart lo resume en una fórmula: «Los CEO que toman decisiones mejores y más rápidas con IA son usuarios avanzados, no delegadores.» La consultora ha investigado qué impide a los presidentes ejecutivos utilizar la IA de forma operativa y por qué eso se convierte precisamente en un riesgo.
Surgen cuatro peligros cuando los CEO transfieren la competencia en IA hacia abajo:
1. Pérdida de visión estratégica. Quien no utiliza la IA personalmente no detecta oportunidades capaces de transformar sectores enteros. Un CEO del sector manufacturero que nunca ha trabajado con un agente de IA subestimará sistemáticamente los potenciales de automatización de su cadena de suministro.
2. El control de calidad se vuelve imposible. Sin experiencia propia, ningún consejo de administración puede evaluar si un resultado de IA es sólido o está alucinando. La decisión de qué resultado de IA merece confianza exige intuición, y esta solo surge con el uso.
3. Incentivos culturales equivocados. Si la dirección no predica con el ejemplo en materia de IA, faltan directrices claras. Los equipos experimentan de forma aislada, los estándares se fragmentan. Los riesgos de compliance crecen de manera invisible.
4. Capacidad de juicio embotada. Quien externaliza de forma permanente las evaluaciones de IA pierde la capacidad de distinguir dónde ayuda la IA y dónde perjudica. Pero precisamente esa distinción es la tarea central de un consejo de administración.
«Los CEO que toman decisiones mejores y más rápidas con IA son usuarios avanzados, no delegadores.»
– Spencer Stuart, Research & Insight, 2026
Siemens, bajo la dirección de su CEO Roland Busch, ha establecido una de las estructuras de gobernanza de la IA más claras del DAX. La decisión sobre qué aplicaciones de IA se integran en Xcelerator, la plataforma del metaverso industrial, recae en el C-Level. No en el CTO. No en una unidad staff. En el C-Level.
El resultado: Siemens pudo orientar sus iniciativas de IA hacia cadenas de creación de valor concretas. Mantenimiento predictivo en la automatización de la fabricación, control de edificios asistido por IA, gemelos digitales para redes energéticas. Cada iniciativa tiene un business case asumido por el C-Level.
La posición opuesta la muestra la realidad de muchas empresas medianas: presupuesto de IA en manos del CTO, proyectos piloto sin business case y, al cabo de 18 meses, la pregunta de por qué la estrategia de IA no muestra resultados. La Agenda CIO 2026 muestra hasta qué punto la presión ya es grande.
Spencer Stuart ha desarrollado un marco práctico que pone a los CEO en condiciones de operar con IA en tres meses. Sin estudios largos, sin certificación. De 10 a 20 horas de trabajo básico, estructuradas en tres fases.
Semanas 1 a 4: desarrollar competencia personal. Pequeños experimentos en el trabajo diario. Análisis de comunicación con IA, optimización del calendario, briefings automatizados. El objetivo no es la expertise, sino la intuición: ¿para qué sirve la IA y para qué no?
Semanas 5 a 8: conocimientos básicos con mentor. Comprender siete áreas clave: desde fundamentos de machine learning y calidad de datos hasta Responsible AI. No un deep dive, sino conocimiento sólido para tomar decisiones. Quien después de ocho semanas no pueda explicar por qué alucina un modelo lingüístico, no ha completado la fase.
Semanas 9 a 12: visión organizativa. Definir KPIs, crear planes de aprendizaje para el equipo, establecer una cultura de experimentación con directrices transparentes. Al final no queda un documento de estrategia de IA, sino un marco operativo que hace medibles los resultados.
Según PwC, las empresas que logran obtener beneficios de la IA tienen cuatro aspectos en común: preparación de los datos, hojas de ruta claras para la IA, directrices responsables y una cultura que facilita la adopción. Ningún pilar por sí solo es suficiente. Se necesitan los cuatro.
Pilar 1: preparación de los datos. La IA solo es tan buena como los datos con los que se entrena. Los consejos de administración deben saber qué datos existen en la empresa, qué tan limpios están y quién tiene acceso a ellos. No es una cuestión de TI, sino de gobernanza.
Pilar 2: hoja de ruta de IA con casos de negocio. Toda iniciativa de IA necesita un caso de negocio medible. No «vamos a explorar un poco», sino «reduciremos el tiempo de procesamiento en atención al cliente en un 40 por ciento en el tercer trimestre». El consejo de administración es responsable de la priorización.
Pilar 3: directrices responsables. ¿Dónde puede la IA tomar decisiones de forma autónoma y dónde debe aprobarlas una persona? El EU AI Act marca el marco regulatorio. La gobernanza interna de la empresa debe ir más allá: directrices éticas, monitoreo de sesgos, obligaciones de transparencia frente a clientes y empleados.
Pilar 4: cultura de adopción desde arriba. La gestión del cambio en la introducción de la IA fracasa si el consejo de administración no lidera de forma visible. Los proyectos piloto en departamentos aislados siguen siendo proyectos piloto. La adopción en toda la empresa necesita una señal desde la cima.
No todos comparten la convicción de que los CEO deban convertirse ellos mismos en usuarios avanzados de IA. Los críticos argumentan que el trabajo de la alta dirección debe seguir siendo estratégico. Un CEO que optimiza prompts pierde tiempo para clientes, inversores y liderazgo de empleados. El riesgo de distracción por el «Shiny Object» es real.
Además, existe el problema de la competencia: un CEO con 20 horas de experiencia en IA no puede evaluar seriamente la calidad de un modelo de machine learning. El peligro de una falsa pericia – más peligrosa que la ignorancia reconocida – no puede descartarse.
El punto intermedio está en distinguir entre el uso operativo de la IA y la gobernanza estratégica de la IA. El consejo de administración no tiene que dominar el mejor prompt engineering. Pero debe entender qué puede hacer la IA en su empresa y qué no. Y debe poder plantear las preguntas correctas.
Para los consejos de administración que se toman en serio la gobernanza de la IA, hay tres medidas inmediatas:
Primero: situar la IA en la agenda estratégica. No como subpunto de «digitalización», sino como un punto propio del orden del día. Con revisarla trimestralmente no basta. El mínimo es hacerlo mensualmente.
Segundo: desarrollar competencia personal en IA. El marco de 90 días de Spencer Stuart aporta la estructura. Una inversión de 10 a 20 horas, repartidas en tres meses. La alternativa – desconocimiento ante un tema de miles de millones – sale más cara.
Tercero: asignar la responsabilidad de la gobernanza de la IA. ¿Quién en la alta dirección responde por la IA? En Siemens es el propio CEO. En las empresas medianas puede ser el director financiero, que aporta la perspectiva del ROI. Lo decisivo es que debe ser una persona. No un comité, no un grupo de trabajo. Una persona con mandato del consejo de administración.
El 56 por ciento sin retorno medible de la IA no se reducirá si los consejos de administración siguen mirando desde la barrera. Aumentará.
La Ley de IA de la UE clasifica las aplicaciones de IA por niveles de riesgo y exige procesos de gobernanza documentados para los sistemas de alto riesgo. Los miembros del consejo de administración responden personalmente si faltan estos procesos. Así, la regulación convierte la gobernanza de la IA de una opción estratégica en una obligación regulatoria.
La gobernanza de TI controla la infraestructura, la disponibilidad y la seguridad. La gobernanza de la IA aborda además cuestiones éticas, riesgos de sesgo, obligaciones de transparencia y la alineación estratégica de las inversiones en IA con los objetivos de negocio. Por eso, la gobernanza de la IA debe estar en la alta dirección, no en el departamento de TI.
Los costes directos son bajos: entre 10 y 20 horas de tiempo de la dirección repartidas en tres meses, más eventualmente un asesor externo de IA para la evaluación inicial. Los costes indirectos de no contar con gobernanza, en cambio, son considerables. PwC muestra que el 56 por ciento de las empresas sin una dirección estructurada de la IA no obtiene retorno.
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Las cifras de la PwC Global CEO Survey 2026 son desalentadoras: solo el 30 por ciento de los consejeros delegados informa de un aumento de los ingresos gracias a la IA. El 26 por ciento registra costes más bajos. Los demás no ven ni mayores ingresos ni menores gastos.
Spencer Stuart lo resume en una fórmula: "Los CEO que toman decisiones mejores y más rápidas con IA son usuarios avanzados, no delegadores." La consultora ha analizado qué impide a los consejeros delegados usar la IA de forma operativa y por qué precisamente eso se convierte en un riesgo.
Siemens ha establecido bajo el CEO Roland Busch una de las estructuras de gobernanza de IA más claras del DAX. La decisión sobre qué aplicaciones de IA se integran en la plataforma de metaverso industrial Xcelerator queda en manos de la alta dirección.
Spencer Stuart ha desarrollado un marco práctico que pone a los CEO a temperatura operativa en IA en tres meses. Sin estudios, sin certificación. De 10 a 20 horas de trabajo básico, estructuradas en tres fases.
Según PwC, las empresas que generan rendimientos con IA tienen cuatro puntos en común: preparación de los datos, hojas de ruta claras para la IA, límites responsables y una cultura que permite la adopción. Ningún componente basta por sí solo.
Fuente de la imagen de portada: RDNE Stock project / Pexels